San Mamés, años setenta

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Registro: 30/11/2020

Publicado el 13 de abril a las 19:50
Editado 2 veces - Última vez el 13 de abril a las 23:50
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   En aquellos tiempos a San Mamés había que ir con de antelación. Aquello era una lucha por la supervivencia que ya había comenzado el mismo día de sacar la entrada, donde cualquier empellón te podía mandar media hora atrás en el tiempo, o donde arriesgar a colarse solía ser un juego que podía terminar con una nariz ensangrentada.

   Todo eso se olvidaba según uno se aproximaba al campo. Comenzaba a escucharse un run-run que te llenaba por dentro y te hacía caminar deprisa. Todo el mundo caminaba deprisa cuando iba a San Mamés y, más cuanto más se aproximaba, como si del estadio emanara una gravedad como la del agujero negro que fagocita cualquier cuerpo que caiga sobre su área de influencia. Hasta que llegabas a las puertas oscuras, todavía con persianas cerradas pero ya con gente expectante en el exterior que gustaban de golpearlas por amor de lo que atruena.

   Una vez las puertas se abrían con estruendo una masa incontenible se precipitaba hacia el interior, que los boina-roja apenas podían contener y, de hecho, muchos eran los peces que les escapaban sin haber presentado ticket alguno. Pero ahí no terminaba la lucha por la supervivencia por mucho que tú fueras uno de esos jóvenes aficionados honrados que mostraban su entrada de “Niños y Militares”, comprada por veinticinco pesetas y un largo tiempo de espera. Creo que llegué a acceder con entrada de “Niño” ya bien entrado en la veintena.

   Una vez superada la puerta había que subir las escaleras corriendo y con serio peligro de caer en mitad de la estampida, víctima de algún mal tropiezo. Tras el último tramo de escaleras se veía ya el cielo. Y éste era el momento mas importante, puesto que había que ingeniárselas para conseguir uno de los pocos lugares que existían tras la balconada que coronaba cada vomitorio de los que llevaban a la General, la grada más popular y modesta desde donde se veía el futbol de pie. Conseguir un lugar en aquella barandilla era el ser o el no ser para un chico de catorce años que aún no había dado el estirón, puesto que el lugar permitía una visión sin obstáculos de buena parte del campo, y esa batalla se dilucidaba en cuestión de segundos. Existía otra posibilidad de supervivencia y era subirse a una especie de plataforma de hormigón a una altura de unos dos metros de alto que existía al fondo, hacia el lado Norte de la General. Había que hacer un esfuerzo para trepar, pero te garantizaba ver el partido sentado, lo que era auténtico lujo.

    Aquel día lo logré. Logré un lugar centrado en esa barandilla y, ya relajado, puede admirar una vez más el campo verde, diáfano, hermoso a la luz del sol de aquella agradable tarde de diciembre. Y a partir de ahí restaban dos largas horas hasta el comienzo del partido, las cuales podía dedicar a mi afición favorita: observar y admirar la rara fauna que poblaba -poblábamos- las gradas a aquella hora tan intempestiva: las tres de la tarde, dos horas antes del comienzo del partido.

   Me llamaba especialmente la atención un hombre, al que ya conocía de algún partido anterior, que siempre llegaba de los primeros y que portaba un pequeño banco de madera. Durante el largo tiempo de espera leía el periódico tranquilamente sentado en él. El truco estaba en que buscaba siempre la parte delantera de una de las cuatro columnas que sostenían la tribuna que recientemente se había construido sobre la General. De esa manera, podía reposar cómodamente su espalda sobre la columna durante la larga espera. Cuando el partido iba a comenzar, plegaba el periódico y se ponía de pie sobre el banco, lo cual le daba una ventaja determinante de treinta centímetros sobre las cabezas de los demás mortales que ya se apretujaban alrededor. Emergía triunfante entonces y, siempre la espalda cómodamente apoyada, como si fuera una especie de Atlas sosteniendo el estadio, se disponía a disfrutar del partido desde su atalaya privilegiada.

    Y disfrutar de un partido en San Mamés en aquella época no era poca cosa. Era un espectáculo grandioso que tal vez se agigantaba por la necesidad de tan larga espera. Pero aquel tiempo lento avanzaba imperceptiblemente en las agujas de mi reloj Orient de colorido hortera y, conforme a él, iba aumentando en decibelios ese rumor profundo de la humanidad expectante, mezclado con un olor a puro que preparaba tu cuerpo para el magnífico espectáculo y que de alguna manera te empastaba con los demás, con esa masa de aficionados, con sus canciones y con su alegría de vivir, expresada a menudo en modales de simpatía cuartelaria.

    Existía todo un ritual en el preludio de los partidos. San Mamés era el único campo de primera división a donde los equipos saltaban por diferentes puertas. Asimismo, el árbitro lo hacía por la de la parte central del campo, más pequeña y estrecha. Cuando todavía faltaban unos diez minutos para las cinco de la tarde, alguien desde la escalera por donde iba a acceder el Athletic lanzaba unos balones al campo, y eso ya servía para despertar y hacer rugir a la hinchada, que ya cubría gran parte del cemento. Lo peor de la espera había pasado. Por fin, por la escalera más próxima al Sur accedía el equipo visitante – el Español – al terreno de juego. Corrían hacia el centro y, como los demás equipos de la época, se dispusieron alrededor del círculo central, saludando al público, con el capitán haciéndolo desde el mismo centro geométrico del campo. El público respondió con tibios aplausos.

   Y ahora sí, por fin, los leones, magníficos, arrogantes saltaban al terreno de juego entre el éxtasis. Venían de una durísima batalla en Milán de donde regresaban con una gran gesta a sus espaldas y la gente les recibió como lo que eran, héroes que habitaban un espacio intermedio entre la realidad y la ficción, dirigidos por aquel auténtico mito viviente que era Jose Angel Iribar, el Chopo.

   Comenzó el partido al ritmo del txistu y el tamboril. La grada estaba eufórica aquel día. Los goles fueron cayendo del lado de la portería de los catalanes y los cánticos fueron en aumento. Los de siempre - Alabín, alabán, alabín, bon, ba….; Todos quéremos más… Aurrera Athletic....- pero sobre esos cánticos de siempre aquel día se superponían otros nuevos. Ya cantábamos aquello de “Euria da ta….” -había que decir Geuria, pero no lo sabíamos- alguno de ellos en Euskera cuya letra circulaba en hojas escritas con máquina de escribir de cinta desgastada, como el Batasuna, cuya letra no entendíamos pero que la mayoría optaba por aprender de memoria....
   
"Ni el pasado ha muerto, ni está el mañana en el ayer escrito". Antonio Machado.

"Gentlemen, it has been a privilege playing with you tonight".
    Wallace Hartley, Bandleader Of The Titanic Band

Respuestas al tema

Mostrando (1 - 18) de 18 respuestas

Respuesta #1
el 13 de abril a las 20:10
has conseguido emocionarme recordando esos años, la piedra que comentas estaba en general cubierta debajo de la tribuna este actual, a mi si no habia mucha gente me gustaba quedarme en la general descubierta, justo delante donde estaba la general numerada que eran unos bancos corridos por todo lo largo de lo que hoy es Este baja, no recuerdo si eran 3 o 4 filas y una vez comenzado el partido si quedaban huecos libres, esperabas un descuido del boina y veias el partido sentado
Respuesta #2
el 13 de abril a las 20:29
Editada el 13 de abril a las 20:31
Recuerdo que entrábamos hasta dos horas antes del partido para coger buen sitio.

Qué tiempos, joder, qué tiempos.

Hasta cazuelas de bacalao he visto yo en Sanma. Calentadas en hornillos en el descanso.

Un equipo grande no es el que gana todos los partidos, sino el que nunca se da por vencido

Respuesta #3
el 13 de abril a las 20:40
Más. Quiero más.
Fenomenal. un diez a este tipo de posts.
Respuesta #4
el 13 de abril a las 20:45
Y ya puestos, ¿os atrevéis a caracterizar a los jugadores de esa época?
Para mí eran cromos del 75 y del 77. Aunque les vi jugar algún partido, era un niño.
Respuesta #5
el 13 de abril a las 21:06
Otra cosa que echo en falta es que los equipos saltaban al campo por sitios distintos, y nunca al mismo tiempo. Cuando salía el Athletic, se caía Sanma. Ni darse la mano ni ostias.

Ahora es todo una puta mierda.

Un equipo grande no es el que gana todos los partidos, sino el que nunca se da por vencido

Respuesta #6
el 13 de abril a las 21:13
Editada el 13 de abril a las 21:26
Cita de Betiko61:
has conseguido emocionarme recordando esos años, la piedra que comentas estaba en general cubierta debajo de la tribuna este actual, a mi si no habia mucha gente me gustaba quedarme en la general descubierta, justo delante donde estaba la general numerada que eran unos bancos corridos por todo lo largo de lo que hoy es Este baja, no recuerdo si eran 3 o 4 filas y una vez comenzado el partido si quedaban huecos libres, esperabas un descuido del boina y veias el partido sentado

Creo que eran tres filas, delantera, 1ª y 2ª filas. Ahí vi algunos partidos en los años 60.
el partido al que se hace referencia fue el 12 de diciembre del 76 y el Athletic ganó 5-2

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.”
                                                          VOLTAIRE

Respuesta #7
el 13 de abril a las 21:23
Cita de _txutxo:
Otra cosa que echo en falta es que los equipos saltaban al campo por sitios distintos, y nunca al mismo tiempo. Cuando salía el Athletic, se caía Sanma. Ni darse la mano ni ostias.

Ahora es todo una puta mierda.


Di que sí!

Por las esquinas, primero aparecían los balones (mi primer recuerdo eran unos Adidas Blancos) 3 o 4 balones...y luego los jugadores..joder! se paraba el tiempo!

Aupa Athletic!

A por la Copa!
Respuesta #8
el 13 de abril a las 21:25
Cuando me he referido a la tribuna este actual, quería decir la del campo viejo, en principio la general cubierta estaba sola y después en la remodelacion para el mundial se tiraron todas las gradas a excepción de la tribuna principal y se crearon las tribunas que todos conocisteis
Respuesta #9
el 13 de abril a las 21:34
Post de diez

HERRITIK SORTU ZINALAKO MAITE ZAITU HERRIAK

JUSTIZIA, IÑIGORENTZAT!

Respuesta #10
el 13 de abril a las 21:44
Editada el 13 de abril a las 22:14
Cita de _txutxo:
Recuerdo que entrábamos hasta dos horas antes del partido para coger buen sitio.

Qué tiempos, joder, qué tiempos.

Hasta cazuelas de bacalao he visto yo en Sanma. Calentadas en hornillos en el descanso.


En los 90 aún se veían
Respuesta #11
el 13 de abril a las 21:57
Cita de Aurrera-beti:
Más. Quiero más.
Fenomenal. un diez a este tipo de posts.

Oro puro. Yo también
Respuesta #12
el 13 de abril a las 23:46
Muy bueno.
Yo también viví esa general los primeros partidos fueron en los famosos torneos de verano luego cuando me hicieron socios mis aitas pase a preferencia norte, también era de pies pero con los escalones de mucha más altura y ahora recordando me he acordado del marcador simultáneo donde los carteles eran de publicidad y te daban una hoja donde te descifraba a que partido pertenecía cada rótulo de publicidad
Respuesta #13
el 13 de abril a las 23:53
Editada el 13 de abril a las 23:54
Cita de mik:
Muy bueno.
Yo también viví esa general los primeros partidos fueron en los famosos torneos de verano luego cuando me hicieron socios mis aitas pase a preferencia norte, también era de pies pero con los escalones de mucha más altura y ahora recordando me he acordado del marcador simultáneo donde los carteles eran de publicidad y te daban una hoja donde te descifraba a que partido pertenecía cada rótulo de publicidad



   "Calcetines Ferrys: 1-1.
    Restaurante Guria: 1-2.
    Queen´s Castle barrilito 2-2....."   

   
"Ni el pasado ha muerto, ni está el mañana en el ayer escrito". Antonio Machado.

"Gentlemen, it has been a privilege playing with you tonight".
    Wallace Hartley, Bandleader Of The Titanic Band

Respuesta #14
el 14 de abril a las 00:09
Editada el 14 de abril a las 00:12
Cuando mi padre iba a general (de finales de los 40 a mediados de los 60) los escalones tenían un fondo en el que cabían dos filas a la misma altura.
O eso decía.
¿Se corresponde con lo que contáis?
Respuesta #15
el 14 de abril a las 00:15
Cita de Aurrera-beti:
Cuando mi padre iba a general (en los 40-60) los escalones tenían un fondo en el que cabían dos filas a la misma altura.
O eso decía.
¿Se corresponde con lo que contáis?


   Sí...En realidad las gradas tenían poca altura pero eran muy anchas de fondo, así que si que se podía dar lo que dices. Sí tenías suerte algún adulto te permitía pasar a la parte delantera para poder ver algo.
   
   Existía también una Fila 1 que pagaba un sobreprecio, pero, claro, eso era de muy difícil control, porque según iba llegando la gente se formaba un totum revolutum que por muchos boinas que pretendieran controlar al final resultaba imposible.

   Y luego estaba esa preferencia sentada que comenta algún forero: 2 o 3 filas pegadas a la banda donde se veía el juego a ras de suelo. Si tenias suerte te llegaba algún balón, o se te echaba Rojo I encima persiguiendolo...

   
"Ni el pasado ha muerto, ni está el mañana en el ayer escrito". Antonio Machado.

"Gentlemen, it has been a privilege playing with you tonight".
    Wallace Hartley, Bandleader Of The Titanic Band

Respuesta #16
el 14 de abril a las 00:59
Cita de dreamer:
Cita de Aurrera-beti:
Cuando mi padre iba a general (en los 40-60) los escalones tenían un fondo en el que cabían dos filas a la misma altura.
O eso decía.
¿Se corresponde con lo que contáis?


   Sí...En realidad las gradas tenían poca altura pero eran muy anchas de fondo, así que si que se podía dar lo que dices. Sí tenías suerte algún adulto te permitía pasar a la parte delantera para poder ver algo.
   
   Existía también una Fila 1 que pagaba un sobreprecio, pero, claro, eso era de muy difícil control, porque según iba llegando la gente se formaba un totum revolutum que por muchos boinas que pretendieran controlar al final resultaba imposible.

   Y luego estaba esa preferencia sentada que comenta algún forero: 2 o 3 filas pegadas a la banda donde se veía el juego a ras de suelo. Si tenias suerte te llegaba algún balón, o se te echaba Rojo I encima persiguiendolo...

Se llamaba General Numerada a esas tres filas sentadas. Desde allí se olía la hierba.

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.”
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Respuesta #17
el 14 de abril a las 01:38
Bonito post que recrea perfectamente aquel ambiente entrañable y mágico del viejo San Mamés. Este tipo de relatos me suben la moral de cara a la final del sábado, refuerzan mi sentimiento de pertenencia a un club único e irrepetible, a un club grande entre los grandes que va a seguir haciendo historia.   

AUPA ATHLETIC!!!!
Respuesta #18
el 14 de abril a las 09:29
Ostras, hau aitari irakurri behar diot!

Eskerrik asko Dreamer!

Eta Aupa Athletic!

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