Reportaja sobre Unai Simón en The Guardian

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Registro: 27/10/2005

Publicado hace 3 horas y 21 minutos
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Reportaje de Sid Lowe en The Guardian



Unai Simón: seis días para construir una leyenda

Adaptación al castellano del artículo de Sid Lowe publicado en The Guardian el 2 de noviembre de 2026.

Una ovación que iba mucho más allá del fútbol

En apenas seis días, Unai Simón recibió tres grandes ovaciones. La primera, en el London Palladium, al recoger el Trofeo Lev Yashin que lo acreditaba como el mejor portero del mundo. La segunda, en San Mamés, antes del derbi contra la Real Sociedad. Y la tercera, la más espontánea y emocionante, llegó en pleno partido.

Corría el minuto 72. El Athletic ganaba 2-1 y Carlos Soler tuvo una oportunidad para empatar. Simón respondió con una parada extraordinaria, una intervención que parecía imposible. San Mamés estalló y los 50.092 espectadores comenzaron a aplaudir. Lo extraordinario fue que los aplausos no cesaron. El partido seguía abierto, la Real Sociedad presionaba y todavía quedaban muchos minutos por disputar. Pero, durante un instante, el resultado dejó de importar.

La Catedral se rindió a su portero. No solo al futbolista que acababa de salvar al equipo, sino también a la persona que había detrás. Aquella intervención fue la mejor de las cuatro grandes paradas que realizó durante el encuentro. En la primera mitad ya había evitado goles de Ander Barrenetxea, Luka Sucic y Mikel Oyarzabal en apenas seis minutos. Incluso se había permitido regatear a Oyarzabal, provocando el sobresalto de toda la grada.

Con los goles de Iñaki Williams y Álex Berenguer, el Athletic terminó imponiéndose por 2-1 y puso fin a una racha de cuatro derbis consecutivos ganados por la Real Sociedad.

Edin Terzic, entrenador rojiblanco, aseguró después que aquella actuación había despejado cualquier posible duda sobre el merecimiento del Trofeo Yashin. Pero el significado de aquella noche iba mucho más allá de una exhibición deportiva.

Un discurso que conquistó a todo un país

Seis días antes, Unai Simón había viajado desde Bilbao a Londres para asistir a la ceremonia del Balón de Oro. Sabía que tenía posibilidades de recibir el premio al mejor guardameta y llevaba semanas pensando qué diría si llegaba el momento.Durante sus desplazamientos diarios a Lezama, una rutina que había mantenido durante prácticamente quince años, había ido ordenando sus pensamientos. Cuando subió al escenario del Palladium, no necesitó ningún papel. Pronunció un discurso de 491 palabras que duró dos minutos y 21 segundos. Su intervención emocionó precisamente por su naturalidad.

No hubo grandilocuencia, frases impostadas ni una celebración propia de una estrella de Hollywood. Simón habló con serenidad, agradecimiento y una autenticidad poco habitual en el fútbol de élite. Recordó a su cuadrilla, los amigos de siempre que continúan a su lado y que relativizan cualquier éxito. A su pareja, a quien describió como un oasis de tranquilidad en un mundo tan exigente como el fútbol. A sus padres, que lo habían acompañado y orientado durante toda su vida.

También tuvo palabras para los porteros con los que había compartido el Mundial y para compañeros y amigos como Óscar de Marcos, Iñigo Lekue y Gorka Guruzeta, futbolistas alejados del estereotipo de las grandes estrellas.

El discurso fue, sobre todo, una reivindicación de sus raíces, de las personas que lo habían formado y de una manera de entender la vida. Entre sus agradecimientos destacó José Ángel Iribar, el legendario guardameta del Athletic cuya estatua preside los alrededores de San Mamés y cuya figura sigue estando presente en la identidad del club.

También recordó a Koldo Asua, el educador que le enseñó, cuando todavía era un adolescente recién llegado a Bilbao, que debía dejar el ego a un lado.

La enseñanza era sencilla y profunda: lo verdaderamente importante no son los títulos que uno conquista, sino el recuerdo humano que deja. Que los demás te recuerden como una buena persona. Por encima de todo, Simón quiso agradecer a quienes le habían enseñado a querer al Athletic y a su afición.

Una carrera que pudo no haber existido

Unai Simón llegó al Athletic con catorce años. En 2026 cumplía su novena temporada en el primer equipo, aunque su historia pudo haber sido muy diferente. En el verano de 2018, con 21 años, era el cuarto portero de la plantilla y había salido cedido al Elche. Entonces se produjo una sucesión de acontecimientos inesperados. El Chelsea fichó a Kepa Arrizabalaga. Iago Herrerín sufrió una lesión. Y las negociaciones para renovar a Álex Remiro quedaron bloqueadas, lo que llevó al Athletic a apartarlo de las alineaciones antes de su posterior marcha a la Real Sociedad. El club bilbaíno llamó al Elche y solicitó el regreso inmediato de Simón. El guardameta todavía no había disputado un partido oficial con el equipo alicantino. Tres días después de volver, debutó con el Athletic. Aquel giro del destino cambió su carrera.

Desde entonces había disputado cerca de 300 partidos con el primer equipo y nunca había sentido la necesidad de buscar otro lugar. Simón reconoce que los primeros años fueron difíciles, con momentos especialmente duros. Pero incluso en aquellas circunstancias había algo que hacía diferente al Athletic. Un sentimiento de pertenencia que no dependía de los resultados.

Los mejores días de su vida no fueron los de un Mundial

La trayectoria de Unai Simón también había estado marcada por grandes éxitos internacionales. Había conquistado el Mundial con España y la Eurocopa de 2024. SSin embargo, cuando le preguntaron por los mejores momentos de su vida, su respuesta fue sorprendente. Eligió los cinco días posteriores a la conquista de la Copa del Rey de 2024 por el Athletic. Por encima incluso de las celebraciones que siguieron al título mundial.

Y eso que Simón ni siquiera había sido el portero titular en aquella final. Desde el banquillo acompañó y aconsejó a Julen Agirrezabala, encargado de disputar los partidos de Copa, durante la tanda de penaltis que permitió al Athletic conquistar su primer gran título en cuarenta años. Aquella experiencia reflejaba una forma de entender el fútbol en la que el éxito colectivo prevalecía sobre el protagonismo individual. La misma temporada ganó el Trofeo Zamora, convirtiéndose en el primer portero del Athletic que lo conseguía desde Iribar, medio siglo antes. Ernesto Valverde, entonces entrenador del equipo, le hizo comprender la importancia que aquel reconocimiento tenía para la historia del club.

Simón también encontró un significado especial en su victoria en la Eurocopa de 2024. Consideraba que aquel éxito demostraba a los jóvenes de las canteras que podían alcanzar la élite internacional sin necesidad de abandonar clubes como el Athletic. Una reflexión que extendía también a Mikel Oyarzabal, su amigo y rival en la Real Sociedad, con quien compartía una personalidad discreta y una manera de vivir los triunfos sin grandes exhibiciones.

Ahora, al recibir el premio al mejor portero del mundo, Simón cerró su discurso con un sencillo agradecimiento en euskera: Eskerrik asko denoi. El público respondió con una ovación. Nadie esperaba que aquel discurso se convirtiera en uno de los grandes momentos de la ceremonia. Durante años, Simón había sido cuestionado. Ahora recibía un reconocimiento prácticamente unánime.

Un derbi cargado de historia y simbolismo

Seis días después, el calendario le reservaba un escenario difícilmente mejorable: San Mamés y un derbi contra la Real Sociedad. No era un partido cualquiera. El encuentro coincidía con el 50.º aniversario de uno de los episodios más emblemáticos de la historia del fútbol vasco. En 1976, los capitanes Inaxio Kortabarria y José Ángel Iribar habían saltado juntos al césped de Atotxa portando una ikurriña, cuando la bandera vasca todavía era ilegal. Medio siglo después, ambos volvieron a protagonizar aquel gesto. Kortabarria, con 76 años, e Iribar, con 83, salieron nuevamente juntos al terreno de juego, llevando una ikurriña y recibiendo el homenaje de los dos equipos.

La bandera original de 1976, confeccionada por la hermana de José Ángel de la Hoz Uranga, jugador de la Real Sociedad, y que había sido introducida clandestinamente en Atotxa, estaba expuesta enmarcada sobre la línea central del campo. San Mamés, con camisetas blanquiazules mezcladas entre las rojiblancas, aplaudió a los dos protagonistas. Era un reconocimiento a una historia compartida, a una identidad y a una tradición que trascienden la rivalidad deportiva.

El homenaje a Unai Simón

Después de Iribar llegó el turno de Simón. El guardameta también recibió un pasillo de honor. Los jugadores de la Real Sociedad, incluidos Oyarzabal y Remiro, participaron en el reconocimiento. Los porteros de la cantera del Athletic, vestidos de negro y con el número uno a la espalda, sostuvieron una camiseta gigante con un mensaje que destacaba su condición de jugador único dentro del equipo. La afición lo recibió con una nueva ovación.

Pero todavía quedaba la más importante. Una hora y media después, en pleno partido, aquella parada ante Carlos Soler provocaría un homenaje espontáneo todavía más emocionante. Parecía la ovación que se dedica a un futbolista cuando abandona el terreno de juego después de una actuación memorable. Pero Simón seguía defendiendo su portería y el partido todavía no había terminado.

Cuando finalmente llegó el pitido final y el Athletic aseguró la victoria, jugadores y aficionados cantaron juntos Txoria txori, de Mikel Laboa. Una canción vinculada a la libertad que puso el cierre emocional a una noche inolvidable.Simón explicó después que aquello era especialmente hermoso porque demostraba hasta qué punto la afición se identificaba con el equipo y se sentía orgullosa de sus jugadores.

El mejor portero del mundo, en su mejor noche

De todas las noches posibles, Unai Simón había elegido precisamente aquella para firmar una de las mejores actuaciones de su carrera, quizá la mejor. La prensa deportiva recurrió a calificativos como «enorme» y «gigantesco» para describir su partido.

Incluso Jon Aramburu, jugador de la Real Sociedad, que seguía molesto por el penalti señalado sobre Nico Williams y que Berenguer había transformado en el 2-1, reconoció que actuaciones como aquella explicaban por qué Simón había ganado el Trofeo Yashin.

El primer gol del Athletic también había sido extraordinario, fruto de una combinación entre los hermanos Williams: Nico asistió a Iñaki para abrir el marcador. Fue un derbi intenso, emocionante y competido, que el propio árbitro definió después como un enfrentamiento duro, pero noble. Muchos futbolistas firmaron una buena actuación. Pero ninguno estuvo a la altura de Unai Simón. Fue, con diferencia, el mejor jugador del partido.

Al finalizar el encuentro, alguien se dirigió a Edin Terzic para expresarle su admiración por el portero que tenía en su equipo. El entrenador respondió sin vacilar: era el mejor del mundo.

Respuestas al tema

Mostrando (1 - 8) de 8 respuestas

Respuesta #1
hace 2 horas y 51 minutos
qué maravilla
Respuesta #2
hace 2 horas y 33 minutos
El de ayer fue un gran partido de Unai, pero no se si el mejor de la temporada. Ha tenido grandes intervenciones en varios partidos, y recuerdo el de Barcelona por sus muchas paradas de merito, alguna de ellas "invesomiles".
Tenemos al mejor.
Aupa Simón!!!
Aupa Athletic!!!

AUPA ATHLETIC - AUPA EUSKADI

Respuesta #3
hace 2 horas y 22 minutos
Normal que llame la atención en el extranjero, (mas que en España y todos sabemos porqué), es un jugador excepcional.

En cualquier club harás historia, pero si te quedas en el Athletic serás leyenda.
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Competimos así porque queremos.
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Grande Jose Iragorri

Respuesta #4
hace 2 horas y 1 minuto
Cita de Misericordia:
Normal que llame la atención en el extranjero, (mas que en España y todos sabemos porqué), es un jugador excepcional.

Concuerdo.
Respuesta #5
hace 52 minutos
Que alguien como Unai Simón genere interés y admiración me hace no perder la fe en la humanidad.
Respuesta #6
hace 49 minutos
Me alegro por Unai, un tío de los pies a la cabeza, merece todo reconocimiento.
Respuesta #7
hace 32 minutos
Lo mas genial de toda la historia de Unai es que llego al primer equipo gracias a la Real, que se frotaba las manos pensando que nos hacia una jugarreta terrible llevandose A REMIRO...A REMIROOOOOO

El futbol solo es una disculpa, para poder ser del Athletic...
Lo tengo claro, morire de infarto durante un partido del Athletic...
Aupa Txingurri!!!

Respuesta #8
hace 9 minutos

Leyenda viva.

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