Alazne Pilo
Aunque mucha gente pudiera predecir esto desde que se supiera que el entrenamiento iba a ser a puerta abierta, hasta que uno no lo ve en directo no acaba de creérselo. Es la grandeza del Athletic, es capaz de unir a varias generaciones, varias formas de pensar y varias formas de vida en un solo sentimiento y un solo corazón.
Era la oportunidad de decir “hasta pronto” al equipo de la forma más grande posible. La afición no defraudó, nunca lo hace y llenó a la mitad el viejo San Mamés. Algunos jugadores miraban asombrados al público, aplaudían y sonreían, hablaban entre ellos y hacían gestos de incredulidad. Ni siquiera ellos creían que habían generado tanta ilusión. La afición animó desde el principio, incluso antes de que los jugadores pisaran el césped.
Cada vez que los jugadores pasaban por delante, la gente aplaudía, gritaba, saludaba, daba ánimos… cada uno como mejor sabe hacerlo. El equipo lo merece, el club aún más. Puede que no ganen el partido, puede que el Barcelona gane sin mucho esfuerzo, pero esta ilusión, esta esperanza y esta fe no nos la va a quitar nadie.
Hay que aprovechar esa mínima posibilidad para ganar, como sea, da igual que sea en el último minuto o en el primero, de jugada, de córner o de penalti, el equipo debe luchar hasta el minuto final para intentarlo. Aunque solo sea por esta magnífica afición.
Al terminar el entrenamiento, en el que había más gente que en muchos campos de primera división en un partido oficial, los jugadores han portado una pancarta en la que se podía leer “Denon artean lortuko dugu” para hacer ver a la afición que comparten la misma ilusión y convencimiento. Después, han regalado las camisetas, balones y algunos hasta medias y sudaderas a la afición. Pero esto era solo el comienzo, a la salida de los jugadores hacia el hotel Carlton donde tenían la comida, cientos de personas se han agolpado en torno a éste para poder despedir, de nuevo, al equipo.
Entre una marea de gente, ha partido el autobús rojiblanco; muchos decían adiós con la mano respondiendo a la afición, con la promesa en la mente de todos, de traer la Copa a Bilbao. La despedida ha seguido a la llegada del equipo al hotel Carlton y a la salida de éste rumbo a Loiu.
La definitiva ha sido cuando el equipo ha abandonado la capital en avión hacia Valencia, arropado en todo momento por cientos de aficionados. Para el aficionado rojiblanco común, ese que disfruta de los partidos de su equipo desde el campo, desde el bar o desde su casa, hoy ha sido un día grande, lleno de emociones, pero ha sido solo el preludio del gran día que será el miércoles, y de la que se puede armar si el Athletic gana la Copa del Rey. Con esa esperanza hemos despedido hoy al equipo, conscientes de que la final se juega contra el mejor equipo de Europa, pero también de que a un partido y con la plantilla que tiene el Athletic, todo es posible. Lo conseguiremos. Entre todos.